viernes, 6 de noviembre de 2009

Rafaelli 9


Para Lidia López y Johnny Luis

Sobre el costado visible de la escalera yo escribí con tinta de bolígrafo NOMBRAR LAS COSAS. Quería establecer así un espacio donde dialogar, si no con el otro, ya que era poca la gente que entraba al pequeño apartamento, conmigo mismo. La manera en que Odiseo o Diomedes se autorreconocen y se invocan a sí mismos en los momentos de mayor peligro en la batalla no me parece ahora tan solo un aspecto primitivo de la escritura, ni un simple antecedente de lo que luego será monólogo interior, sino un artilugio especular por medio del que el poeta se ve en las palabras del otro o en las suyas. El estado de creación suele ser también de agón, de enfrentamiento y de incertidumbre. El diálogo con el thymós es posible y se materializa a través de la lectura/escritura.

Reescribir es un modo de encarnación, de exorcismo, que fascina. Comencé copiando un poema de García-Marruz, otro de Delfín Prats, alguno de un poeta cubano principiante... Y el pedazo de escalera se me fue haciendo pequeño, así que fui tomando la pared más cercana, la que, como un espejo escrito, quedaba frente a la puerta principal, a la única puerta que tiene el apartamento de Regla en que viví mis tres últimos años en Cuba.

Cruzas la bahía. Después de pasar la Parroquia de la Virgen de Regla y el Parque de las Madres, bajas Facciolo. La calle tiene una sola cuadra y se llama Rafaelli.Hasta el muro. No es Venecia. La reja oxidada con el número nueve sostiene algún romerillo seco o florecido, según el ciclo, según el día. Llegar allí presupone un desdoblamiento, ser otro, ser yo. Tocar la puerta de abril. Poner tu mano de abril en mi pecho dormido. Entonces hablar al que cruza, al que entre palabras pasa desde el otro lado al margen, es compartir el pan sobre la mesa sin mantel, sobre la madera del lenguaje, porque solo el acto de nombrar puede hacer de la pobreza un arma, una espada de luz, solo así se alcanza a convertir la limitación y la escasez en un punzón que traspase las paredes con los signos que vas grabando, sin conciencia de que, de algún modo, somos descendientes de Belerofonte, portamos las señales que incendian nuestros días, que dan sentido telúrico o de fatum a cada acción.



Alternaba la lectura con doblarme sobre la bañera y lavar la ropa. Aún cierro los ojos y veo el arroz de tus manos en mis manos, la poesía puesta a fuego lento. Traduje a Homero mientras se ablandaban los frijoles. Más de una vez, olvidé descargar el baño por temor a llegar tarde a la clase en la Universidad. Escondí alguna botella de puré entre la ropa, las lechugas y los libros para que no las descubriera el vigilante. O bajaba desde el cementerio, muy cansado, con la certeza de que serías logos encarnado sobre el lecho, a mi diestra.

No puedo separar la realidad de los nombres; la cotidianidad, de las palabras. El lenguaje es don y castigo. Este es, por tanto, un acto de fe. Una pared electrónica donde sigo escribiendo señales desconocidas, jeroglíficos que entiendo y que, a la vez, adquieren una significación que solo el devenir podrá confirmar. Porque la palabra es una flecha de siglos y una ráfaga enceguecedora de futuro.


3 comentarios:

  1. Ya ves como descargas tu nostalgia por ese lugarcito feo, marginal o extrañamente hermoso en que mas de uno hemos vivido momentos, buenos o malos, pero que, sin dudas, dejan recuerdos inolvidables. Fue el único lugar donde he sido feliz, han nacido mis dos hijos..qué mas!!
    Gracias por tu dedicatoria, pero dejaste fuera a alguien quien también forma parte de él, aunque dude y quizás lo niegue, Félix Ernesto, promotor absoluto de que tú lo conocieras y ahora pudieras escribir esas frases, lo olvidaste?
    Un abrazo y un beso,
    Tu segunda madre, Lidia.

    ResponderEliminar
  2. No, no olvidé a Félix, a quien le debo tanto. Mucho. Más de lo que seré capaz de ofrecerle a estas alturas. Pero no conviví con él en Regla, y quise dedicarlo a los que vivieron allí conmigo el día a día, con los que compré los productos en la bodega, a los que tuvieron que aguantar mis regueros de libros, mis sobresaltos, mis angustias cotidianas, mis manías, mis ilusiones, mis actos más espontáneos cuando la puerta se cerraba; a los que me vieron alternarme entre el libro y la hornilla, a quienes leían en la pared del apartamento lo que dejaba escrito. Lo que dejábamos, incluso, porque Johnny también colgaba sus poemas allí, precisamente porque La devastación, el libro de Félix, lo había hecho establecer determinadas relaciones entre sus vivencias y la poesía, de un modo más contemporáneo. Eso también tiene que ver con Félix. La mano de Félix, por cierto, influyó mucho, incluso, no solo en que yo viviera en Regla, sino en que ahora mismo pueda escribir esto. Ojalá que mi devoción desde el silencio, esa que él siempre ha conocido, no sea interpretada como ingratitud. No lo es. Pero lo dediqué a ustedes principalmente por complicidad y no solo por agradecimiento, porque son mis cómplices y mis jueces mayores y más íntimos. Los que pueden ver con mayor exactitud las variaciones que se dan entre el ser que enuncia y el espejo que se escribe. Un beso, madre.

    ResponderEliminar
  3. Comprendo, y no te preocupes entonces porque no lo considero ingratitud, sé que eres una persona que sabes valorar todo lo que se te brinda con bondad y desinterés. Vale tu aclaración para mi, ya sabes que para las madres todos los hijos son iguales, pero ese pedacito mio que vive cerca tuyo allá, en la lejanía, dejó en Rafaelli 9 vivos recuerdos en todos los que compartieron con él ese trozo de espacio, en la memoria de gentes tan simples como Silvio, Hilda, Reglita, Jorge, Tato, (ese informal personaje que hace de todo y nada le queda bien y que ustedes conocieron de cerca), siempre está presente el Ernestico que todos nombran con cariño y admiración por su inteligencia, que para ellos es incomparable y lo ven reflejado de manera única como historia de ese lugar, así lo dicen a todos los que por allí pasan, por eso creo que a él también debe dedicarse ese nombre, Rafaelli 9, pero ya....todo queda bien claro. Gracias y un beso enorme para ti...

    ResponderEliminar